Juntar a un grupo de amigos y organizar una calsotada te catapultará al éxito.

La fórmula secreta de la calsotada es la siguiente: Invita a un grupo de amigos que estén dispuestos a mancharse las manos, que sean más de 10. No hace falta que se conozcan entre ellos. Los calçots harán el resto. Si puedes asegurar algún rayo de sol, mucho mejor, porque los calsots se comen al aire libre. Aunque haga frío.

Ten preparado un buen fuego y una zona donde comer los calsots de pie. Es el plato que abrirá el menú, tras los aperitivos. Asegúrate que todos se pongan el babero, beban con porrón, se manchen las manos desnudando los calsot y miren al cielo y no mancharse con la salsa romesco. Es una cebolla mágica, la única que te hace sonreir.

La calsotada es un menú largo y nada estrecho. Es muy amplio.

Como cualquier comida con amigos, hay que empezar por un buen aperitivo con embutidos de butifarra blanca, negra y fuet. Un poco de pan tostado, tomate, aceite de oliva y sal.

A continuación se sirven los calsots, recién hechos y sobre una teja. La teja es para que no se desparramen y conserven mejor el calor.

Una vez terminados los calsots y ya con las manos limpias, la gentes se puede sentar y se sirven las carnes.

Aquí varias sugerencias:

De postre lo típico es algo que se pueda compartir

En casa te será muy sencillo preparar un “postre de músico”. Unos frutos secos (nueces, almendras, avellanas, pasas…. Lo que más te apetezca) acompañados de vino moscatel en porrón. Es un plato para alargar la sobremesa, condición indispensable de la calsotada.

Si alguien toca la guitarra y entona unas canciones, entonces será la calsotada perfecta.